Vivir Del Poker

El as del póquer que se hizo millonario con 80 euros

 

 
 
   Raúl Mestre, de 29 años, muestra el libro que cuenta su vida en la sede de EducaPoker, la empresa con 50 empleados que dirige.
 
  
Raúl Mestre, de 29 años, muestra el libro que cuenta su vida en el Poker. 
 
 
 

“Jubilado antes de los 30”. Raúl Mestre (Valencia) tenía 23 años y estudiaba cuarto de Químicas cuando un libro de estrategia de póquer cayó en sus manos. Al poco, abandonó los estudios y se hizo jugador profesional por internet con jornadas de 14 horas. Seis años y cuatro millones de partidas después, Raúl es millonario y tiene una empresa con 50 empleados.

 
 

PACO CERDÀ
VALENCIA Oscuros casinos, tapetes verdes, vertiginosas torres de fichas, humaredas de puro, whisky con hielo, miradas furtivas tras los naipes, gente de vida poco ejemplar y enganchada al riesgo, apuestas suicidas a la espera de un golpe de suerte. Aunque ésta sea una historia digna de película -de momento ya tiene un libro-, para entenderla bien hay que desterrar los tópicos. Porque Raúl Mestre no encaja en la típica escena de un jugador profesional de póquer. De hecho, representa todo lo contrario.

Él era un buen estudiante, un tipo inteligente y responsable. Cursaba Químicas en la Universitat de València. En el verano de 2005, un amigo le prestó un libro de estrategia del póquer. Raúl se lo estudió y, movido por la curiosidad, empezó a jugar al póquer por internet. Con dos armas: un ingreso de 80 euros en su cuenta virtual de juego y una estrategia basada puramente en las matemáticas. El mito de sir Donald, el sobrenombre del jugador español que más dinero ha ganado con el póquer online y uno de los profesionales más reconocidos del mundo del Poker.Y lo hizo con buen pie. En sus primeras manos ganó bastante dinero. “Al principio pensaba que podría ganar dinero para pagarme los hobbies, las copas o los viajes de fin de semana”, confiesa. Pero enseguida cambió el chip. “Empecé a darme cuenta -sostiene Raúl- de que en el póquer se podía ganar muchísimo dinero (y no sólo los mejores del mundo) por el simple hecho de que una inmensa cantidad de gente estaba dispuesta a apostar dinero sin tener idea de lo que hacía”. Y lo que había empezado como un juego, acabó tomando un cariz serio, casi trascendental.

Un vuelco a su vida
Lo primero que hizo, a las tres semanas de iniciarse en los tapetes, fue retirar el depósito inicial de 80 euros y seguir jugando con las ganancias que había obtenido. ¿Orgullo personal? Mucho más sencillo: “Quería pensar que a partir de ese momento lo único que podía perder era tiempo, nada más”, responde Raúl. Tiempo le dedicaba, pero las obligaciones le impedían echarle más horas al póquer por internet. Y entonces, sir Donald convenció a Raúl Mestre para que diera un vuelco a su vida. Y lo hizo aplicándose la teoría matemática que él predica en el póquer. “Básicamente, todo en el póquer consiste en comparar porcentajes de éxito y beneficio. Cuando tomamos una decisión en una mano, sea cual sea, estamos intentando hacer lo que nos resultará mas rentable a la larga”.
Él pensó lo mismo y tomó la decisión que cambiaría su futuro: “cogí un año sabático y dejé aparcados los estudios. Porque lo veía claro: aplazar un año el final de la carrera era un riesgo muy pequeño en comparación con el enorme potencial que podía obtener si me salían bien las cosas”.

“¡Estás loco!”. Eso se lo repitieron hasta la saciedad. Conocidos, amigos, familiares. Nadie entendía su decisión. Era un buen estudiante y un joven responsable. ¿Qué hacía con 23 años metido de lleno en el poker por internet? “La presión social era enorme. Muchas veces, la gente comete errores por no ir contra la presión social. Pero yo tuve la suerte de pasar por encima y acerté: me hizo jugador profesional y esa fue la mejor decisión de mi vida”, explica Raúl Mestre.

Ahí comienza la película de sir Donald. Incomprendido en casa y necesitado de un espacio vital para su nueva vida, se marcha de casa y se muda a un piso de alquiler en Benimaclet. Pasaba jornadas laborales (él entiende el póquer como una forma de ganarse la vida, nada pasional) de 14 horas diarias. Doce horas frente a la pantalla del ordenador y otras dos estudiando estrategias y perfeccionándose como jugador. Cada hora disputaba unas 80 manos, una partida cada 40 segundos. Al día superaba las mil partidas. “Así se hace el dinero, jugando sin parar”, apunta Raúl. Además, y para rematar esta vida loca, las grandes partidas las disputaba de madrugada por ser la hora de las mejores manos para el público norteamericano.

17 jugadores en su comedor
Aquella vida se fue liando todavía más. Como un flautista de Hamelín, sus amigos empezaron a acudir en peregrinación hasta su casa, convertida en una especie de meca valenciana del póquer en línea. Carles Escobedo, Luis Sevilla, Diego PérezÉ “Éramos 17 personas jugando al póquer en el comedor de mi casaÉ”. Todos seguían la matematización del juego defendida por el profesor sir Donald. Y se empezaron a forrar. Premios en grandes torneos de 135.000 euros, 240.000 dólares, 250.000 dólares.
La “escuela valenciana” del poker (que competía promocionada como Equipo Unibet) pronto hizo temblar los tapetes virtuales. Hasta el punto de que provocaron cambios de normas en algunas salas de juego. Ganaban demasiado y demasiado fácil. Los jugadores valencianos estaban, como tituló en su último número de 2008 la revista Planet Póquer, “elegidos para la gloria”.
Sobre el dinero, Raúl no da muchas cifras exactas. Pero las pocas que da provocan vértigo. Cada día podía jugar una veintena de manos grandes con botes de 10.000 ó 15.000 euros. Y así, un día tras otro, descansando apenas una semana o dos al año. Ya han pasado seis años. ¿Cuánto dinero ha ganado? Sólo él lo sabrá. Pero lo único que concede es que ha ganado dinero suficiente para pasar el resto de su vida y que es el español que más dinero ha ganado en el póquer on line.
De hecho, a Raúl Mestre le gusta decir que vivir del póquer le ha permitido “jubilarse antes de los 30”. “El dinero -explica- ya no es una preocupación para mí. Sólo trabajo porque me divierte. Y esa libertad no tiene precio”, añade sir Donald. Y lo dice él, que no es un joven especialmente caprichoso. Tiene un Honda Civic Híbrido (por la conciencia medioambiental), vive alquilado en un ático cercano al campus de la Politécnica (le cuesta 900 euros al mes) y va a trabajar en chándal.

“Jugar nunca me ha divertido”
Hace tiempo que Raúl dejó el ritmo frenético de partidas -ha llegado a superar los cuatro millones de manos- y apenas ya juega al póquer. “Nunca me ha divertido”, asegura. Para él, sólo era una forma de ganar dinero mucho más rápida y emocionante que la de estar en un laboratorio como químico. ¿Piensa ahora acabar la carrera universitaria? “Aunque sea la pesadilla de las madres -bromea-, no la voy a terminar. Ya no necesito trabajar para comer y una titulación no tiene para mí ningún valor”. Más valor pueden tener sus consejos sobre póquer. “Quien quiera divertirse jugando -aconseja-, que no haga apuestas grandes. Y quien quiera ganar dinero de verdad, que aplique un método matemático y analítico, que desconfíe de la intuición y que se aplique con disciplina y esfuerzo”. Ésa ha sido su apuesta ganadora.

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